El Podcast de Imagine · Episodio 10
La Disciplina de la Alegría
La alegría no es algo que ocurre cuando la vida por fin coopera. Es algo a lo que volvemos, una y otra vez, como cualquier práctica que merece la pena sostener.
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Hay un concepto yóguico que se llama Ānanda: no la felicidad explosiva ni eufórica, sino una sensación callada y luminosa de estar en casa dentro de ti. Daniela la reencontró en un lago cerca de Madrid, una mañana fría con una cuerda en las manos, treinta años después de haberla sentido por última vez.
Daniela arranca con un recuerdo de infancia: aprender a esquiar sobre el agua en Venezuela, temblando en el agua, cayéndose una y otra vez, hasta que un día sus pies encontraron el equilibrio y algo cambió. Lo que se le quedó dentro no fue la técnica, sino la sensación: el viento en la cara, la luz sobre el agua, una corriente de pura vitalidad. Pasaron las décadas. La vida adulta se fue acumulando. Y aquella sensación se volvió recuerdo en lugar de realidad, hasta que un anuncio de Instagram de una clase gratuita de esquí acuático cerca de Madrid lo cambió.
En yoga, esta cualidad tiene nombre. Ānanda, la dicha, no es una experiencia cumbre reservada a los retiros de meditación. Es el estado natural que surge cuando cuerpo, mente y alma se mueven juntos. El Kundalini Yoga enseña que esta cualidad no hay que ganarla, hay que recordarla. La disciplina no está en estar alegre todo el tiempo, sino en aprender a volver. Es algo que muchos alumnos descubren en las primeras semanas de la Formación de Profesores de Kundalini Yoga: ese giro de perseguir la transformación a reconocer lo que ya estaba ahí.
El episodio cierra con una invitación sencilla y práctica: hacer una lista de la alegría. No una lista de grandes ambiciones, sino un registro personal de las cosas pequeñas que dan ligereza: un paseo en el aire frío, una canción concreta, un olor, una sensación en el cuerpo. Cuando el estrés o la inercia se imponen, esa lista se vuelve una brújula. Porque la alegría no es un estado de ánimo. Es una práctica. Y como toda práctica, pide coraje.
3 Claves de Este Episodio
- 01 Ānanda es tu estado natural, no un premio. El concepto yóguico de Ānanda, la dicha interior, no es algo que se logra cuando todo se alinea. Es una cualidad que ya vive en ti, a la que accedes con práctica, presencia y la voluntad de volver a lo que te hace sentir vivo.
- 02 La alegría pide el mismo coraje que cualquier práctica. Nos resistimos a lo que amamos por miedo a que ya no sea lo que era. Daniela volvió al esquí acuático tras treinta años, llena de dudas. Lo que encontró: el cuerpo recuerda, y el alma también.
- 03 Haz una lista de la alegría y úsala de verdad. Un registro simple de lo que te da ligereza no es un gesto sentimental. Cuando el estrés o la inercia se imponen, se convierte en brújula. El Kundalini Yoga siempre ha ofrecido prácticas para esto: recalibrar hacia lo que nos hace sentir vivos.
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Hola, soy Daniela Troconis.
Soy cofundadora de Imagine Yoga Academy y formadora de profesores de Kundalini Yoga. Durante más de 14 años he acompañado a personas a reconectar con su propia verdad a través de la práctica, la respiración y la conversación honesta.
Desde 2012, Pedro Misle y yo hemos formado a más de 900 profesores de Kundalini Yoga, con nuestra Formación Nivel I · 200h en español, online y presencial en Madrid y Málaga.
El Podcast de Imagine lleva al mundo las conversaciones que ocurren dentro de nuestras formaciones de Kundalini Yoga: cercanas, prácticas y reales. Práctica real para la vida real.
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Lo que el yoga llama alegría
Hoy quiero hablarte de algo que, aunque parece simple, es una de las prácticas más profundas del yoga: la disciplina de la alegría. Y es importante, porque literalmente transforma nuestra experiencia de vida. Porque la alegría, verdadera, desde el cuerpo, no es algo que simplemente "nos sucede". Es algo para lo que debemos crear espacio, a lo que debemos volver una y otra vez. Igual que nuestra práctica de movimiento o meditación.
En yoga, la palabra en sánscrito para este estado es Ānanda: gozo, felicidad, alegría. No la que es ruidosa o extática, sino una sensación suave, que nos aporta luz, la sensación de estar en casa dentro de ti misma. Es la alegría natural que surge cuando mente, cuerpo y alma están en armonía.
Un recuerdo de infancia
Cuando era niña, una de mis mayores alegrías era esquiar sobre el agua. Todo empezó en Río Chico, Venezuela, un lugar de manglares, canales tranquilos y sol brillante. La primera vez que lo intenté, recuerdo que temblaba en el agua, con las manos pequeñas aferradas a la cuerda y el corazón latiendo de miedo. Debí quedarme allí, flotando y temblando, más de veinte minutos, intentando levantarme y cayendo una y otra vez.
Pero mis padres estaban allí conmigo, pacientes, sonriendo, esperando. Y finalmente, lo logré. Salí del agua, los pies encontraron el equilibrio, el viento me golpeó la cara, y el corazón se abrió por completo. Ese momento cambió algo en mí. Desde ese día, lo amé: el ritmo, la conexión, la libertad. Pasé de dos esquís a uno, incluso probé algunos trucos.
Pero lo que más permaneció en mí no fue la técnica, sino esa sensación de alegría pura, de estar plenamente viva. La sensación de deslizarme sobre el agua, la brisa, la luz, los árboles pasando a toda velocidad, y esa presencia simple, sin filtros. No era sobre "hacerlo perfecto", o sobre "lograr algo". Era solo sentir la vida fluyendo a través de mí. La alegría de tener diez años, estar segura, libre, y completamente viva.
Perder la conexión en la adultez
Pero de adultos, algo sucede. Las responsabilidades se multiplican, y la alegría empieza a parecer un lujo. Priorizamos la productividad por encima del placer, y al hacerlo, perdemos contacto con esa corriente natural dentro de nosotros, la que nos hace sentir vivos.
Y sin embargo, el yoga nos recuerda: Ānanda es nuestra verdadera naturaleza. No tenemos que ganárnosla, pero sí debemos recordarla. Debemos practicar la alegría. Cultivarla, igual que cultivamos la paciencia, la devoción o la compasión. Por eso la llamo la disciplina de la alegría.
Redescubrir la alegría
Hace unas semanas, sucedió algo hermoso. Estaba mirando Instagram, y vi un anuncio para una clase gratuita de esquí acuático cerca de Madrid. Ahora vivo cerca de la Sierra, sin mar, solo ríos fríos, algunos lagos y montañas. Pero cuando vi ese anuncio, algo dentro de mí se encendió. Una pequeña chispa que dijo: sí, esto. Sin pensarlo demasiado, me inscribí, para mí y para mi hija.
Al principio estaba emocionada, pero a medida que se acercaba el día, aparecieron dudas. ¿Y si ya no puedo hacerlo? ¿Y si mi cuerpo no lo recuerda? ¿Y si lo que antes era tan fácil ahora se siente imposible? Pero esa voz interior, ese susurro de guía, dijo: "Ve. Lo necesitas." Y fui.
Y en el momento en que salí del agua fría, sintiendo la cuerda tensarse y el viento en mi rostro, sentí regresar esa antigua alegría. Por unos segundos, no era profesora, ni madre, ni quien resuelve todo. Era solo un alma, viva y despierta. Completamente presente.
Seguir la guía interior
Ese día me recordó que la alegría, como el yoga, requiere coraje. Nos pide mostrarnos, incluso cuando tenemos miedo. Soltar el control y suavizarnos hacia el momento. Recordar cómo se siente estar plenamente presentes en el flujo de la vida.
Porque la alegría no trata de evitar el dolor ni de fingir que todo está bien. Se trata de mantenernos lo bastante abiertos como para sentir la belleza que ya está aquí. Y eso requiere práctica, el acto consciente de volver una y otra vez hacia la alegría. Por eso la llamo la disciplina de la alegría.
La práctica: tu lista de la alegría
Quizás hoy puedas hacer una pausa, poner una mano sobre tu corazón y preguntarte con suavidad: ¿Cuándo fue la última vez que me sentí verdaderamente viva? ¿Qué es lo que me da alegría, esa que se siente en el cuerpo, no solo en la mente?
Y te comparto una práctica que ha sido muy poderosa para mí, especialmente cuando la ansiedad intenta tomar el control: toma una libreta y haz una lista de las pequeñas cosas que te dan alegría. No grandes sueños, cosas simples, cotidianas. El olor del café por la mañana. Caminar después de la lluvia. La risa de tu hijo. Tu canción favorita. Una exhalación larga. El calor del sol sobre la piel.
Esos momentos no son triviales, son medicina. Le recuerdan a tu sistema nervioso que la seguridad y la alegría pueden coexistir. Que incluso cuando la vida se siente incierta, todavía hay hilos de belleza de los que sostenerse. Y cuando aparezca el estrés, porque aparecerá, esa lista se convierte en tu ancla. Una forma de volver a Ānanda, de recordar que la dicha no es ausencia de dolor, sino la capacidad de sentir la vida plenamente, con apertura y confianza.
Porque vivir en alegría es vivir en verdad. Es recordar que, bajo todo el ruido, ya eres completa. Ya estás en casa. Y como dice el mantra: Ang Sang Wahe Guru, la infinita dicha del Ser vibrando en cada célula. Porque la alegría no es algo que perseguimos, es algo que cultivamos.
Gracias por escuchar, por reflexionar, y por caminar este camino con nosotros. Sat Nam.
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