El Podcast de Imagine · Episodio 43
¿Por Qué Me Siento Tan Diferente Después de una Clase de Kundalini Yoga? Los 5 Elementos Detrás de la Experiencia
Cinco herramientas dentro de una misma clase. Si una no te llega hoy, quizás te llegue otra.
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“No sé qué pasó, pero me siento diferente.” Pedro Misle lleva quince años escuchando esa frase al final de las clases, y fue lo que él mismo pensó la primera vez que practicó Kundalini Yoga. Este episodio busca de dónde viene esa sensación.
Tras veinte años de práctica y quince formando profesores, Pedro propone una respuesta: Kundalini Yoga reúne en una misma clase asana, pranayama, meditación, mantra, mudras y bandhas. Si una herramienta no te llega ese día, puede llegarte otra. Se detiene en la postura sostenida y cuenta cómo durante años usó la rabia para aguantar el final de una postura difícil, hasta que el nacimiento de su hija le hizo buscar otro combustible.
El episodio cruza la tradición con lo que hoy estudia la ciencia: la interocepción, la relación entre respiración y estado emocional, la investigación sobre meditación y sobre el canto en grupo. Pedro marca los límites de esa evidencia. Nadie ha medido el prana, y no hace falta fingir lo contrario para notar que cambiar la respiración cambia cómo te sientes.
Practicar y observar antes que creer es también la manera de trabajar en la Formación de Kundalini Yoga online de Imagine Yoga Academy, donde cada uno de estos elementos se estudia por dentro y se lleva a la vida diaria.
3 Claves de Este Episodio
- 01 Una postura larga muestra cómo sostienes lo difícil. Cuando la forma ya no explica lo que pasa, aparece la pregunta útil: qué te estás diciendo y qué usas como combustible para seguir.
- 02 Puedes cambiar la respiración a propósito. Tu respiración refleja tu estado. Modificar el ritmo o la profundidad te deja comprobar que el estado en el que estás no es el único posible.
- 03 No hace falta creer antes de practicar. Con los mudras, los bandhas o el mantra puedes usar el lenguaje de la energía o el de la fisiología. En ambos casos el paso siguiente es probar y observar.
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Hola, soy Pedro Misle.
Soy cofundador de Imagine Yoga Academy y formador de profesores de Kundalini Yoga. Durante los últimos 14 años he acompañado a personas a reconectar consigo mismas a través de la práctica, la filosofía y la conversación honesta.
Desde 2012, Daniela Troconis y yo hemos formado a más de 900 profesores en España, Suiza, India y online.
El Podcast de Imagine abre el tipo de conversaciones que solemos tener dentro de nuestras formaciones de Kundalini Yoga: cercanas, prácticas y reales. Hablamos de práctica, espiritualidad y crecimiento. Práctica real para la vida real.
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Lo que la gente dice al terminar una clase
Cuando llevas tiempo en el mundo del Kundalini Yoga, y especialmente cuando has tenido la oportunidad de formar profesores, hay algo que escuchas una y otra vez.
Una persona llega a una clase, muchas veces sin saber muy bien qué esperar, y cuando termina te dice algo como: “Nunca había sentido esto después de una clase de yoga.” O: “No sé exactamente qué pasó, pero me siento diferente.”
Y esto pasa muchísimo. A veces después de una sola clase. No necesariamente porque la persona haya quedado impresionada con una técnica concreta. Muchas veces ni siquiera sabe decirte qué fue. Es simplemente la experiencia que tuvo después de la práctica.
Y para algunas personas eso es suficiente para querer profundizar. Empiezan a practicar regularmente, quieren entender más, y algunas terminan haciendo una formación de profesores.
A mí me pasó exactamente eso. Fui a una clase de Kundalini Yoga, tuve una experiencia que me movió muchísimo y salí pensando: ¿por qué esto es tan poderoso? Y esa pregunta me ha acompañado durante muchos años.
Después de unos veinte años practicando Kundalini Yoga y quince formando profesores, tengo una idea bastante clara de por qué creo que esta práctica puede tener un efecto tan particular en las personas. Y tiene que ver, en buena medida, con la manera en que Kundalini combina diferentes herramientas dentro de una misma práctica.
Tenemos asana, que es la postura. Tenemos pranayama, que es el trabajo con la respiración. Tenemos meditación. Tenemos mantra. Tenemos mudras y bandhas. Y lo interesante es que en una misma clase podemos estar trabajando con varias de estas cosas, a veces incluso al mismo tiempo.
No estoy diciendo que esto haga a Kundalini mejor que otras formas de yoga. Hay muchas tradiciones y cada una tiene su manera de trabajar. Lo que estoy diciendo es que la experiencia de Kundalini tiene algo particular porque no depende de una sola puerta de entrada. Si una técnica no te llega hoy, quizás otra sí.
Y creo que vale la pena mirar cada una de estas herramientas para entender qué puede estar pasando.
Asana: lo que pasa dentro mientras sostienes una postura
Empecemos por asana, porque es probablemente lo que todo el mundo identifica con yoga. La postura.
Pero una de las cosas que me parecen más interesantes de cómo trabajamos asana en Kundalini es que, muchas veces, mantenemos las posturas durante bastante tiempo. Y cuando extiendes el tiempo, empieza a cambiar qué es lo relevante.
Por supuesto, la forma importa. Una postura bien hecha, con una alineación adecuada, puede ayudarte a practicar de una manera más segura y efectiva. Pero llega un momento, especialmente cuando llevas bastante tiempo en la postura, en el que la forma ya no explica completamente lo que está ocurriendo. Porque la pregunta empieza a ser: ¿qué está pasando dentro de mí mientras estoy aquí?
Y eso se parece muchísimo a la vida. Cuando la vida te pone delante un desafío, tú no sabes cuánto va a durar. Puede ser un momento. Puede ser una semana. Puede ser un año.
Y mientras estás atravesando ese desafío, claro que importa tener recursos, tener herramientas, saber qué hacer. Pero llega un punto en el que lo que te sostiene va mucho más allá de la fuerza física. ¿Qué estás pensando? ¿Qué te estás diciendo? ¿Por qué estás dispuesto a continuar? ¿Qué sentido tiene para ti? ¿Qué estás utilizando como combustible?
Eso es algo que empecé a entender con mi propia práctica. Durante años, cuando hacía posturas que requerían fuerza, me pasaba algo muy concreto. Cuando llegaba cerca de mi límite, aparecía la rabia. Y la rabia me daba energía.
Yo estaba cansado, quería salir de la postura y, de repente, aparecía ese enojo que me daba un poco más de fuerza para seguir. Y funcionaba.
Hasta que nació mi hija y empecé a preguntarme si realmente quería que esa fuera mi manera de ser fuerte. No quería enseñarle a ella, ni enseñarme a mí, que para poder sostener algo difícil tenía que recurrir a la rabia.
Así que empecé a experimentar. Cuando llegaba a ese punto en la postura y notaba que la rabia estaba siendo el combustible, salía. Descansaba. Pensaba en mi hija, en el amor que siento por ella, en lo que significa para mí. Y cuando volvía a sentirme conectado con eso, regresaba a la postura.
Estaba intentando enseñarme algo. Que podía ser fuerte y que el combustible podía ser otro.
Y eso me parece muy interesante de la manera en que practicamos asana en Kundalini. Porque también te enseña que es imposible caminar un camino pensando que constantemente tienes que avanzar. Hay momentos en los que vas hacia adelante y hay momentos en los que necesitas parar. Hay momentos en los que necesitas ser fuerte y otros en los que necesitas descansar.
La autocompasión forma parte del camino. Entenderte forma parte del camino. Descansar forma parte del camino. Y cuando estás bastante tiempo en una postura, tienes la oportunidad de experimentar todo eso directamente.
Además, hay algo que la psicología y la neurociencia estudian cada vez más, que es la interocepción, nuestra capacidad de percibir lo que está pasando dentro del cuerpo. La respiración, la tensión muscular, los latidos del corazón, las sensaciones físicas.
Normalmente estamos bastante desconectados de toda esa información. Pero cuando estás en una postura durante un tiempo y realmente prestas atención, empiezas a descubrir cosas. Te das cuenta de cómo reaccionas cuando estás incómodo. De qué aparece cuando estás llegando a tu límite.
Y eso es información. Y una vez que tienes esa información, puedes empezar a hacer algo con ella.
Pranayama: cambiar la respiración para ver otra posibilidad
Después tenemos pranayama, el trabajo con la respiración. Y aquí hay algo que me parece fascinante.
En Kundalini Yoga cambiamos la manera de respirar muchas veces durante una misma clase. Y para mí eso tiene mucho sentido porque, en el fondo, también estamos practicando cambiar la manera en que vivimos.
Nuestra respiración muchas veces refleja cómo estamos experimentando la vida. Cuando estamos asustados respiramos de una manera. Cuando estamos tranquilos, de otra. Cuando estamos ansiosos, cambia. Cuando estamos concentrados, cambia.
Entonces podemos hacer algo bastante interesante. Podemos ir hacia atrás. Podemos cambiar deliberadamente la respiración y observar qué pasa. Es casi como hacer ingeniería inversa de nuestra experiencia.
Abrimos una ventana. Experimentamos con otra posibilidad. Cambiamos el ritmo, la profundidad, la velocidad. Y de repente descubrimos que quizás el estado en el que estamos no es el único estado posible.
Eso me parece muy poderoso. Porque quizá no puedo cambiar lo que está pasando afuera, pero puedo experimentar con otras maneras de estar dentro de lo que está pasando.
Y aquí la ciencia también empieza a darnos información interesante. Hay estudios sobre diferentes formas de breathwork que han encontrado asociaciones con una reducción del estrés y la ansiedad, aunque la evidencia no es igual de sólida para todas las técnicas.
Pero ni siquiera necesitamos hacer una gran afirmación científica para entender lo que está pasando. Todos hemos experimentado que nuestra respiración cambia cuando cambia nuestro estado. Kundalini toma eso y lo convierte en una práctica. Cambias la respiración. Observas. Y eso te da perspectiva.
Meditación: entrenar la atención
Después tenemos la meditación. Y la meditación en Kundalini puede tomar muchas formas. Puedes estar sentado en silencio, puedes estar moviéndote, puedes trabajar con la respiración, con un mantra, con la mirada.
Pero debajo de todas esas formas hay algo muy sencillo: estamos entrenando la atención. ¿Dónde está mi mente? ¿Puedo mantenerla ahí? Y cuando se va, ¿puedo traerla de vuelta?
Porque piensa en algo muy cotidiano. Tienes un problema en el trabajo y sales de la oficina. Llegas a casa, estás con tu pareja, con tus hijos, con tu perro, con quien sea. Pero sigues pensando en el trabajo. Tu cuerpo llegó a casa. Tu mente no.
Y esto pasa muchísimo. Estamos comiendo y pensando en otra cosa. Estamos hablando con alguien y pensando en lo que tenemos que hacer después. Estamos descansando y repasando mentalmente una conversación que tuvimos tres horas antes.
Y la meditación nos enseña a notar eso. A volver. Una y otra vez.
La investigación sobre meditación y mindfulness ha encontrado beneficios relacionados con el estrés y algunos aspectos de la regulación emocional, aunque los resultados dependen mucho del tipo de práctica y de la persona.
Pero hay una cosa que para mí resume muy bien lo que estamos intentando hacer: una mente enfocada es el camino hacia un alma en paz.
Cuando tu mente está en todas partes, es muy difícil sentir paz. Y cuando puedes estar realmente donde estás, algo cambia. No porque desaparezcan los problemas. Simplemente porque, por un momento, estás aquí.
Mantra: cantar con otras personas
Y después tenemos mantra. Y este es uno de los elementos que más sorprende a las personas cuando llegan por primera vez a Kundalini. Cantamos. Mucho.
Y al principio puede sentirse extraño. Pero después de unos minutos, dejas de pensar en si es extraño o no. Simplemente estás cantando.
Y entonces ocurre algo interesante. Estás en una habitación con otras personas y todos están haciendo lo mismo. Esto tiene algo muy humano. Si miras prácticamente cualquier tradición espiritual o religiosa, en algún momento vas a encontrar algún tipo de canto, repetición o recitación colectiva. Hay algo en cantar juntos que nos conecta.
Y la investigación está empezando a estudiar esto también. Hay estudios sobre canto y chanting grupal que encuentran asociaciones con cambios en el estrés, el estado de ánimo y la sensación de conexión, aunque todavía estamos hablando de un campo relativamente joven.
Pero no necesitas conocer la investigación para sentirlo. Cuando estás cantando con otras personas, tu voz deja de sentirse completamente individual. Te conectas contigo mismo, te conectas con los demás y, para muchas personas, también aparece una sensación de conexión con algo más grande que uno mismo.
Y hay algo más. Cuando cantamos juntos, elevamos nuestra propia energía y también contribuimos a elevar la experiencia de los demás. Puede que no lo hagamos conscientemente. Puede que ni siquiera entendamos exactamente por qué. Pero hay algo muy profundo en nosotros que reconoce esa experiencia.
Y después está el significado del mantra. Porque no estamos simplemente haciendo sonidos. Estamos repitiendo palabras o sílabas que tienen un significado, una intención, una historia dentro de la tradición. Y ahí se juntan muchas cosas: sonido, respiración, atención, significado y conexión.
También existe toda la tradición del naad, la relación entre sonido y vibración. Es un universo entero y no vamos a entrar en él hoy.
Pero sí quiero decir algo porque a veces, cuando hablamos de estas cosas, intentamos demostrar demasiado. No necesitamos decir que la física cuántica ha demostrado que el mantra funciona. No es así.
Podemos quedarnos con algo mucho más sencillo. Sabemos que el sonido cambia nuestra experiencia. Una canción puede cambiar cómo te sientes. Una voz puede tranquilizarte o alterarte. Y Kundalini trabaja con el sonido de una manera deliberada. El mantra utiliza esa capacidad del sonido para dirigir nuestra atención y nuestra experiencia.
Mudra y bandha: practicar y observar
Y después tenemos mudras y bandhas. Esta es quizás la parte más difícil de explicar si nunca has practicado Kundalini.
Los mudras son gestos, muchas veces con las manos. Los bandhas implican determinados ajustes musculares e internos. Dentro de la tradición yóguica, se utilizan para dirigir el prana, para trabajar con la energía.
Y aquí me parece importante mantener cierta honestidad. La ciencia moderna no tiene una manera de medir directamente el prana tal como lo describe la tradición yóguica. Y no necesitamos fingir que la tiene.
Pero sí sabemos que cuando cambias la posición de las manos, del cuerpo, de los músculos, la respiración y la atención, también cambia la información que estás recibiendo del cuerpo. Y eso cambia tu experiencia.
Entonces puedes acercarte a esto desde el lenguaje tradicional de la energía o desde el lenguaje de la fisiología y la percepción corporal. En cualquier caso, hay algo que puedes hacer con ello. Experimentar.
Y eso es lo que me interesa de Kundalini. No tienes que creer todo antes de practicar. Puedes practicar y observar.
Entonces, ¿por qué se siente tan diferente?
Y aquí volvemos a la pregunta del principio. ¿Por qué una persona puede entrar a una clase de Kundalini y salir pensando: “¿Qué acaba de pasar?”
Creo que tiene mucho que ver con esta combinación. Llegas a clase con la cabeza llena y tienes una meditación que te obliga a trabajar con tu atención. Estás desconectado de tu cuerpo y empiezas a trabajar con asana. Estás estresado y cambias tu respiración. Quizás estás cerrado emocionalmente y pasas un buen rato cantando. Quizás llevas días sintiéndote solo y de repente estás en una habitación con otras treinta personas haciendo la misma práctica.
Hay diferentes puertas de entrada. Y todas están ocurriendo dentro de la misma experiencia.
Eso es lo que, después de tantos años, me parece tan interesante de Kundalini. No depende de una sola herramienta. Un día puede ser la postura lo que te llegue. Otro día puede ser la respiración. Otro día puede ser una meditación. Otro día escuchas un mantra y algo se mueve dentro de ti.
Y algunas veces sales de la clase sintiéndote diferente y no sabes exactamente por qué. Y tampoco pasa nada. No necesitamos explicar inmediatamente todo lo que experimentamos.
Lo que Kundalini me ha enseñado
Después de veinte años practicando, creo que esto es una de las cosas que más valoro de Kundalini Yoga. La práctica no termina cuando termina la clase. Porque con el tiempo empiezas a reconocerla en tu vida.
Te das cuenta de cómo reaccionas cuando estás bajo presión. De qué haces cuando tienes que ser fuerte. De cómo respiras cuando estás incómodo. De dónde se va tu atención. Y algunas veces te encuentras respondiendo de una manera diferente.
Para mí, ese es el punto en el que la práctica se vuelve realmente interesante.
Yo entré a mi primera clase buscando entender por qué Kundalini Yoga se sentía tan diferente. Y después de veinte años todavía no creo tener una respuesta completa. Pero sí tengo una idea bastante clara.
Kundalini nos da muchas maneras diferentes de encontrarnos con nosotros mismos. A través del cuerpo. A través de la respiración. A través de la atención. A través del sonido. A través de la energía.
Y quizás por eso una sola clase puede tocar a una persona de una manera que no esperaba. Llegas pensando que vas a hacer yoga. Y terminas encontrándote contigo mismo.
Así que si nunca has probado Kundalini Yoga, no necesitas entender todo esto antes de hacerlo. No necesitas creerme. Practica. Observa. Y mira qué pasa.
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